El estrés se produce cuando los sucesos de la vida, ya sean de orden físico o psíquico, superan nuestra capacidad para afrontarlos. Debemos tener una dieta sana, pero esta varía según los síntomas. Por otro lado, es necesario alimentar correctamente al cerebro. Este órgano sólo representa un 2% o un 3% del peso corporal total, pero es responsable del consumo de un 20% de la energía que extraemos de los alimentos. Su principal fuente energética son los hidratos de carbono (glucosa).

Si el aporte es insuficiente, obtiene energía a partir de otros elementos como proteínas y grasas, aunque esto último no es conveniente ya que se producen alteraciones en el metabolismo corporal. Los nutrientes que intervienen directamente en la concentración, la memoria, el rendimiento intelectual y el estado de ánimo y son: vitaminas del grupo B (tiamina, niacina, piridoxina, B12 y ácido fólico), vitamina E, determinadas sales minerales (potasio, magnesio y zinc), oligoelementos (litio, silicio, selenio y cromo) y ácidos grasos esenciales.
Las recomendaciones principales son respetar los horarios de las comidas, sin saltearse ninguno, para evitar el descenso de glucosa en la sangre. Comenzar el día con un buen desayuno, para evitar la hipoglucemia (descenso de azúcar en sangre), que suele producirse a media mañana, lo que provoca nerviosismo e irritabilidad. No comer ni tomar alimentos entre 2 o 3 horas antes de acostarse. En caso de insomnio, una infusión relajante o leche caliente antes de acostarse ayudan a conciliar el sueño.
Además dormir un suficiente números de horas y de forma regular, es muy importante. Los ejercicios de relajación y de meditación ayudan mucho a conciliar el sueño. Practicar deportes, o simplemente caminar de forma regular ayuda. Evitar el alcohol y el tabaco es otro de los factores a tener en cuenta.
Hasta pronto…
“El amor incondicional es el que te ama así como eres, hagas lo que hagas.” Tony De Mello
